30.4.05

Terrorismo de género

Podríamos leer algo así, si este asesinato estuviera en otro contexto: "Un grupo de extremistas masculinos acusan a una ciudadana afgana de ejercer su libertad, la encuentran culpable y la torturan hasta la muerte, con la colaboración de su marido." En efecto, continúan las lapidaciones por adulterio en Afganistán.

En España culturalmente no se estila la lapidación, así que los hombres matan a las mujeres (a "sus" mujeres, pensarán seguramente) a martillazos, a cuchilladas o a tiros. ¿Hay mucha diferencia, realmente?

Comments:
Yo la diferencia la encuentro en que en Afganistan no es algo sólo "cultural", sino que su ley lo permite (creo que a nivel nacional ya no, pero que las administraciones locales se escabullen del gobierno central para aplicar aún estas penas). En cambio en España la sociedad en general lo condena pero hay muchos casos concretos (demasiados) que nos muestran que en nuestro país todavía queda mucho energúmeno suelto. Aunque es obvio que en ambos casos la raíz es la misma, una infravaloración de la mujer como ser humano, y como miembro de la sociedad.
De hecho, es tan cultural el problema del machismo que intelectuales como Unamuno o Juan Ramón Jimenez les hicieron la vida imposible a sus respectivas mujeres impidiéndolas vivir con libertas, a pesar de ser "avanzado" para su época, y de formar parte de la ilustración de su tiempo se comportaron como auténticos machistas en el ámbito privado. Lo que quiero decir es que es un problema demasiado arraigado, que aunque en público todos somos muy abiertos e integradores la realidad es que hay más abusos de los que creemos, y que nada tienen que ver con condición social, ni con el nivel educativo.
Un saludo!
 
El titulo que "noticias blog" ha dado a la noticia que comentamos no puede ser más acertado. Se trata, efectivamente, de TERRORISMO. Un terrorismo que está costando muchas vidas en todos los paises y, desde luego, en el nuestro. Un terrorismo ante el que las vías de solución no acaban de encontrarse. El endurecimiento de las penas por parte de nuestro gobierno no está teniendo los efectos que se esperaban. Y no hay grupo terrorista con el que dialogar.
Es cierto, como dice Carmen, que subyace "una infravaloración de la mujer como ser humano y como miembro de la sociedad". Y no sólo, diría yo, por parte de los asesinos, tambien por parte de sus cómplices que son todos los que no alzan la voz ni reaccionan seria, efectiva y públicamente contra esta violencia. Es esencial poner al descubierto cuales son las raíces del "machismo" que, es cierto, no se vincula a clase una social. Raíces, es decir causas, sociológicas, psicológicas a las que -por razones que tambien deben aflorar- no son ajenas las mujeres , por escandaloso que nos parezca.
Me atrevería a decir que el miedo a la libertad del otro y a la propia libertad, puede muy bien estar en el fondo del problema. Pero seguramente esto resulta demasiado abstracto, demasiado teórico para proporcionarnos vías de solución. ¿sería posible, e interesante, que debatieramos un poco sobre todo esto? Es una cuestión demasiado grave, y nos atañe tan directamente como seres humanos que no creo que debamos despacharla sin una reflexión seria y plural.
 
Difícil es hacer un análisis serio de este problema, tan profundo, y más en un medio tan limitado como es este blog.

Aporto dos granos de arena:

1) Buscando raíces:
La violencia está casi totalmente monopolizada por el hombre. En el ejército, en la policía, en las fuerzas de seguridad privada, en las escuelas de artes marciales, en las películas de acción... la paridad es la excepción, no la regla.
Como consecuencia, en la mentalidad masculina, darle un empujón o un bofetón a una mujer en un momento de furia, frustración o irreflexión quedará tan impune como darle una patada a un perro o a un mueble. Es algo indeseable, tanto más cuanto menos cosificada esté la mujer en esa sociedad... pero no es autolesivo, como lo sería pegarle a un cactus... o a otro hombre.
(temas para otras intervenciones: "la cosificación de la mujer", "la mujer como propiedad del hombre", "el hombre y la mujer como seres de distintas especies")

2) Buscando soluciones:
Creo que el camino de las organizaciones no gubernamentales no nos llevará por si solo a la solución de los problemas, al menos tal y como se plantean hoy en día. No obstante, también creo que toda piedra hace pared (o la deshace, según el caso). Amnistía Internacional dice: No más violencia contra las mujeres: ¡actúa!
 
Siendo un tema muy difícil de abordar y que a la vez está a la orden del día, igual es duro decir lo que pienso, pero no creo que sea un problema que se pueda resolver en unos meses o unos años.

Intentaré explicar un poco la intuición que tengo sobre este problema. Los roles socioculturales de género en los que caemos constantemente, incluso los que pensamos que tenemos una mentalidad más libre o crítica, nos llevan a tener una concepción de la sociedad, de nuestra personalidad y de la faceta de nuestra personalidad a la que afecta nuestro género. Esto no se soluciona diciendo en las escuelas que los niños y las niñas son iguales, cuando por todas partes están viendo modelos a seguir que les impulsan a los contrario, el machismo no es un ogro que vive en la montaña y al que se le puede atacar y vencer, es un conjunto de maneras de pensar y de actuar que se maman en la sociedad desde el nacimiento, y muchas de ellas no son conscientes y racionales.

Para lograr que deje de existir la violencia de género hace falta un programa de educación a largo plazo, hablo de décadas y quizá peco de optimista, y nuestro sistema político está poco interesado en lo que dure más de dos mandatos porque si no se percibe como efectivo, no sirve para ganar votos.

Una batalla que ya está ganada, y probablemente la más importante, es la respuesta social ante un caso de violencia de género. En una sociedad como la afgana, la violencia contra una mujer se percibe como algo justo y bueno, y la administración lo permite. Hace unas décadas en España el hombre que pegaba a su mujer, siempre dentro de unos límites, no era un mal hombre, "algo habría hecho" es lo que parecía pensar la gente. Aunque soy demasiado joven para haber vivido esta situación, es lo que me parece entender de lo que me cuentan y de lo que aún piensan algunas personas. Hoy por hoy un maltratador está mal visto socialmente, ese es el principio del camino, pero falta una segunda parte, como apuntaba Melanipa, falta que las mujeres se quiten de encima el rol de víctimas, y que por seguir la metáfora de nuestro anfitrión, sean percibidas más como un cactus por parte de los hombres violentos y no como un objeto donde descargar sus iras impunemente.
 
Creo que el caso afgano y el de esta sociedad sí son diferentes. Como afirma Carmen, la diferencia radica, a mi juicio, en la aceptación social que tiene la violencia contra las mujeres en el primer caso. Esto me lleva a preguntarme ¿por qué, si la respuesta social a quien maltrata a una mujer es de rechazo, siguen existiendo tantos ejemplos, incluso extremos, de este tipo de violencia? ¿Por qué contra la mujer? ¿Es cuestión de machismo? ¿Es cuestión de fuerza? Creo que es peor. Si fuera sólo cuestión de fuerza, el perro contra el que descargar nuestra ira podría ser otro hombre más débil, o cualquier mujer aparentemente indefensa. Pero no. El maltratador conoce bien a su víctima y, lo que creo que es importante, intuye cuál va a ser su reacción. La actitud marca a las mujeres maltratadas en potencia. La sociedad, conscientemente, ha dejado de ser machista. Quien golpea a una mujer, aunque sea a su mujer, sabe que lo está haciendo mal (trataré de no generalizar, pues todavía quedará, por desgracia, algún energúmeno suelto que se crea con derecho a hacerlo), pero una mirada insegura, un silencio cómplice o una actitud sumisa le está allanando el camino. Esto es, el problema no es el machismo del hombre que maltrata, sino la cobardía de la mujer que aguanta. ¿Qué es lo que diferencia al perro del cactus? La firmeza con que actúes. Acepto que es la educación la que ha de cambiar el mundo, pero igual que su educación no exime de su condena al condenado, tampoco descarga de culpa a la mujer maltratada. Si queremos que exista igualdad de trato entre hombres y mujeres, esperamos de éstas que sean adultas, íntegras, maduras y firmes. Encuentro alguna carencia de alguno de estos puntos en una mujer que, por segunda vez (admitamos que la primera se ha debido a un cúmulo de fatídicas coincidencias), recibe una paliza.
 
Anónimo/a, me parece que tienes bastante razón. De todas formas, no creo que sea adecuado culpar a la víctima.
 
Respondiendo a ambos "Anonimos", pero fundamentalmente al primero.
No voy a entrar ahora a analizar si la mujer víctima de una agresión masculina es o no culpable de su inseguridad, de su sumisión, en una palabra, de su MIEDO. Lo haré en otra ocasión.
Lo que quiero plantear al autor del comentario es si y como explica que un varón supuestamente "adulto, integro, maduro y firme", esto es, gozando de una cualidades de las que su víctima carece y cuya carencia es, precisamente, lo que la hace vulnerable (del latín: susceptible de ser herida) a sus ojos, se sienta por ello justificado para atacarla. ¿Acaso el miedo de la victima despierta compulsivamente su agresividad, como al parecer ocurre con algunas fieras de las que se dice que "huelen el miedo"? ¿Puede pretenderse que el miedo y la indefensión de la víctima justifiquen la acción de agresor de modo semejante a como el violador pretende justificarse aduciendo que la vestimenta y aspecto de la víctima,("es que van provocando...") , o cualquier otra circunstancia (iba sóla, era de noche etc.) son las causas últimas de su delito?
Tengo mucho interés en leer la repuesta/s a estas cuestiones. Esoy segura de que serán enriquecedoras para el debate.
 
Respondo a Melanipa, e indirectamente, por tanto, a los dos anónimos anteriores:

Si bien parece evidente que no es sostenible el desplazar la culpa, la responsabilidad ni la causa última del agresor a la agredida (parece que se esté confundiendo la violencia de género con el sadomasoquismo), creo que aquí se está pasando por alto el otro enfoque del asunto.
Sin pasar al análisis ético, sino buscando soluciones a los problemas, me pregunto:
(a) ¿constituye un factor necesario la actitud (educación...) de la víctima?
(b) ¿constituye un factor necesario la actitud (educación...) del agresor?
Diría que (b), sin dudarlo y en toda ocasión, ya que el agresor es el agente en este acto.
Sobre (a), matizaría, como hace el anónimo: para la primera agresión puede ser un factor coadyuvante (o, más justamente, una ausencia de obstáculo). Para la segunda y posteriores agresiones, es la ausencia de un obstáculo mayor. Según la ocasión, puede ser la ausencia de un impedimento, con lo que pasaría a ser, efectivamente, condición necesaria.

En conclusión: que la actitud de la mujer no suponga justificación ética para la agresión no impide que sea una parte de la posible solución al problema, y como tal ha de ser tenida en cuenta, a la hora de cambiar nuestra mentalidad.
 
Respondiendo a Melanipa, no creo que el miedo de la víctima justifique los actos del agresor, ni siquiera creo que el agresor se sienta justificado por la actitud de la víctima. Pero sí que pienso que tanto el miedo por parte de la víctima como la agresividad desenfrenada en el agresor son factores necesarios para que existan estos malos tratos.
No estoy hablando de justificación moral, sino de condiciones necesarias. Dos condiciones que no tienen por qué influir entre ellas. No es que el miedo despierte la agresividad, sino que es necesario tanto un factor como el otro (que entre sí, opino, son independientes). En ningún momento he intentado excusar al maltratador de su delito. He evitado hablar de responsabilidad moral. Si en algún momento he hablado de culpa, me he referido exclusivamente al carácter de causa que la actitud de la mujer tiene sobre los malos tratos.
 
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